14May2026

¿Cómo reducir los niveles de radón en oficinas y naves industriales? 

Cómo reducir los niveles de radón en oficinas y naves industriales

Reducir los niveles de radón en oficinas y naves industriales no es una moda pasajera. 

Se trata de una necesidad urgente que muchas empresas aún están subestimando. 

Como ya sabes, el radón es un gas radiactivo que se filtra desde el subsuelo y se acumula en espacios cerrados, especialmente en plantas bajas y sótanos. 

Y sí, podría estar presente justo ahora en tus instalaciones, en el aire que respiran tus trabajadores, mientras crees que todo está bajo control. 

Además, el problema no se queda en el terreno sanitario. 

Las nuevas normativas sobre calidad del aire interior exigen un control periódico en entornos laborales. 

Por lo tanto, ignorarlo ya no es viable: ni desde el punto de vista legal, ni ético, ni empresarial. 

La buena noticia es que sí hay formas de actuar, y muchas de ellas son más simples de lo que imaginas. 

Desde una adecuada ventilación hasta soluciones técnicas más avanzadas, existen estrategias adaptables a la realidad de cada negocio. 

Si estás aquí, no es casualidad. 

Quédate, porque en este artículo vamos a explicarte cómo reducir los niveles de radón en oficinas y naves industriales de forma efectiva y segura. 

Medidas a tomar para reducir los niveles de radón en oficinas y naves industriales 

Antes de actuar, es clave entender que reducir los niveles de radón no depende de una única solución. 

Por el contrario, requiere una combinación de medidas estratégicas adaptadas a cada espacio: 

Mejorar la ventilación: 

Es una de las medidas más efectivas y, al mismo tiempo, más ignoradas. 

Sobre todo porque el radón se acumula principalmente en espacios cerrados con poca o nula circulación de aire. 

Por eso, aumentar la renovación del aire marca una diferencia real. 

Es como abrir una ventana en una habitación llena de humo. No lo elimina por completo, pero sí reduce la concentración de forma notable. 

Ahora bien, no se trata solo de abrir puertas o ventanas al azar. 

La ventilación puede ser natural o mecánica, que es lo más recomendable cuando el diseño del edificio no permite un flujo de aire constante. 

Sellar grietas y fisuras: 

En oficinas, almacenes o naves industriales, los puntos más vulnerables suelen ser los mismos: desde uniones entre paredes y pisos hasta cableados mal sellados. 

Y aunque parezcan detalles menores, son vías de entrada para un gas que no se ve, no se huele, pero sí hace daño. 

Aquí no se trata de hacer una reforma completa ni de sellar todo a ciegas, sino de revisar las zonas de contacto con el subsuelo. 

Lo recomendable es utilizar materiales adecuados como masilla de poliuretano, siliconas especiales, yeso o incluso membranas impermeabilizantes. 

Sistemas de extracción y despresurización del suelo: 

Cuando el radón se convierte en un problema persistente, en oficinas o naves industriales construidas sobre terrenos con alta emisión, hay que pasar de las soluciones básicas a medidas técnicas. 

Y es aquí donde entran en juego los sistemas de extracción y despresurización del suelo, una estrategia bastante efectiva. 

La lógica detrás de estos sistemas es sencilla: si el radón proviene del subsuelo, lo que hay que hacer es evitar que suba. 

¿Cómo? Creando un flujo de aire inverso que lo mantenga abajo. 

Para lograrlo, se instalan uno o varios tubos de succión justo debajo de la losa del edificio o en el terreno.  

La idea es que la presión negativa pueda redirigir el gas antes de que entre en el espacio ocupado por las personas. 

En algunos casos, sobre todo en construcciones que cuentan con cámaras de aire o espacios no habitables entre el suelo y las zonas de trabajo, también hay la posibilidad de ventilar esa zona intermedia. 

Así, se libera el radón acumulado antes de que se filtre hacia el interior.  

Por eso, no se trata de ventilar por ventilar, sino de controlar los flujos de aire para que el gas tenga una vía de escape segura y controlada. 

Este tipo de sistemas no solo es recomendable en edificaciones con niveles elevados y persistentes de radón, sino también en proyectos nuevos donde se quiere prevenir desde el inicio. 

De hecho, muchas empresas que operan en zonas de riesgo alto ya los consideran parte del diseño desde la fase de obra gris. 

Barreras anti-radón: 

Este tipo de solución no es nueva, pero sí ha ido ganando protagonismo porque actúa impidiendo que el gas entre desde el subsuelo. 

¿Cómo? A través de láminas especiales, generalmente de polietileno de alta densidad, que se colocan entre la base del edificio y el terreno. 

En pocas palabras, sellan el paso del radón antes de que tenga oportunidad de filtrarse al interior. 

Ahora bien, no basta con poner una lámina y listo. Para que una barrera anti-radón funcione, debe estar instalada sin cortes ni puntos débiles.  

Además, tiene que ir acompañada de un buen sistema de sellado en juntas, conductos y puntos de paso. 

Muchas veces, estas barreras se instalan durante la fase de construcción. Pero si tu edificio ya está en uso, no te preocupes. Existen alternativas viables para adaptarlas a estructuras existentes. 

Es cuestión de hacer una evaluación técnica y plantear una solución a medida. Y sí, puede implicar obra, pero no siempre es tan compleja como parece. 

Otro punto interesante es que estas barreras no solo sirven para cumplir con la normativa. 

También aportan un valor añadido real. Ya que mejoran la calidad del aire interior, refuerzan el compromiso de la empresa con el bienestar de su equipo y ayudan a reducir riesgos legales a futuro. 

Uso de materiales con baja exhalación de radón: 

Puede que no lo parezca a simple vista, pero los materiales que se utilizan en la construcción de tu oficina o nave industrial también juegan un papel importante en los niveles de radón que se acumulan dentro. 

Y no, esto no es un detalle técnico que solo le importa al arquitecto. 

Es una decisión estratégica que puede marcar la diferencia a largo plazo. 

Cuando hablamos de radón, la mayoría piensa en el gas que viene del suelo. 

Pero lo que muchos no saben es que algunos materiales de construcción, como ciertos tipos de granito, hormigón o yeso, también emiten pequeñas cantidades de radón. 

No es para alarmarse, pero sí para tenerlo en cuenta si estás construyendo, renovando o simplemente quieres mejorar lo que ya tienes. 

¿Qué se puede hacer? 

Por suerte, hoy existen alternativas con baja exhalación de radón. Tal es el caso, de algunos ladrillos cerámicos, morteros técnicos y productos prefabricados ya vienen con certificaciones específicas que garantizan un nivel reducido de emisión. 

Además, hay selladores y recubrimientos especiales que ayudan a limitar la liberación de radón desde los propios materiales hacia el ambiente interior. 

Entonces, si tu empresa está planificando una obra nueva o una remodelación, este es el momento perfecto para incluir este criterio en la selección de materiales. 

Y no hace falta complicarse demasiado. Solo basta con consultar a los proveedores adecuados y priorizar productos con garantías. 

  • Supervisión y control continuo: 

Vamos a ser claros. Instalar medidas de mitigación está muy bien, pero si no se supervisan los niveles de radón nunca sabrás si esas soluciones están funcionando como deberían. 

De allí que reducir el radón no es un “ajuste puntual” que se hace una vez y listo. 

Al contrario, es un proceso que necesita vigilancia. 

Por eso, una de las claves más importantes, y que muchas empresas pasan por alto, es establecer un sistema de monitoreo en tiempo real. 

Este tipo de medición continua permite detectar cualquier fluctuación significativa en los niveles antes de que se convierta en un problema serio. 

Además, más allá del monitoreo diario, es fundamental realizar auditorías periódicas. 

Estas revisiones no solo confirman que los niveles están bajo control, sino que también te permiten evaluar si las medidas implementadas siguen siendo eficaces. 

Es más, implementar este tipo de supervisión transmite un mensaje muy claro: En tu empresa, la seguridad no se improvisa.  

  • Consideraciones adicionales 

Hasta aquí ya sabes lo esencial: medir, ventilar, sellar, despresurizar o incluso rediseñar ciertas zonas del edificio. 

Sin embargo, hay un punto que muchas empresas pasan por alto y que marca la diferencia. 

Por ejemplo, entender que el control del radón no es una acción puntual, sino un proceso continuo. 

¿Por qué decimos esto? 

Porque los niveles del gas no son estáticos. 

Pueden variar con el clima, las estaciones, las obras cercanas o incluso con pequeños cambios estructurales dentro de la nave o la oficina. 

Lo que hoy parece controlado, mañana puede no estarlo. Por eso es clave implementar un sistema de seguimiento y mantenimiento regular. 

Además, es importante tener en cuenta aspectos como la formación del personal, el diseño de los planes de emergencia (si los niveles son elevados) y la adecuada elección de los sistemas de medición. 

Sobre todo, porque no todos los dispositivos son iguales ni ofrecen los mismos niveles de precisión. 

Por eso, elegir un proveedor serio y certificado no es solo un detalle técnico. 

Y aquí entra en juego la experiencia. 

En XpertRadón somos una empresa española fundada en 1995 y formada íntegramente por físicos titulados como expertos en protección radiológica. 

También contamos con la licencia oficial del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN/UTPR/C-003/95) desde el 23 de noviembre de ese mismo año. 

Nos dedicamos a la medición certificada de radón, garantizando el cumplimiento de los más altos estándares gracias a nuestra acreditación ISO 9001, vigente desde 2004. 

Así que, si tu empresa necesita medir los niveles de radón en sus instalaciones, estás en el lugar indicado. 

Te invitamos a dar el siguiente paso.  

Ponte en contacto con nuestro equipo y descubre cómo podemos ayudarte a proteger tu entorno laboral con soluciones a la medida de tus necesidades. 

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