Si te preocupa la presencia del radón en viviendas antiguas, probablemente ya hayas notado que estas casas tienen características que las hacen más vulnerables, como sótanos poco aislados, materiales deteriorados y reformas incompletas.
Por lo general, el gas entra a través de grietas, juntas, desagües o pasos de instalaciones, y se acumula en las zonas menos ventiladas.
Sin una medición, es imposible saber si la concentración de radón en viviendas antiguas es baja o si conviene actuar.
Pero aquí está lo importante: la antigüedad por sí sola no determina que una vivienda sea peligrosa.
Influyen su ubicación, el tipo de terreno, la relación con el suelo y el estado constructivo.
¿Por qué las viviendas antiguas pueden presentar niveles elevados de radón?
Si vives en una casa con unas cuantas décadas a la espalda, es normal que te preguntes si el radón te afecta más que a un vecino con obra nueva.
La respuesta corta: puede ser, pero no siempre.
El radón en viviendas antiguas aparece con más frecuencia porque estos edificios se construyeron sin pensar en él.
Empecemos por lo primero:
Contacto del edificio con el terreno y características de la construcción
La presencia del radón por lo general empieza por tus pies.
El gas sale del subsuelo, y cuanto más directa sea la conexión entre el terreno y tu casa, más fácil lo tiene para entrar.
Algunas casas antiguas ni siquiera tienen una solera de hormigón continua.
Además, los muros de piedra o ladrillo sin impermeabilizar tampoco ayudan, porque el gas pasa por sus poros y juntas.
Las instalaciones también cuentan. Tuberías, arquetas, patinillos y pasos de cables abren pequeños caminos que casi nadie revisa.
Y cuando enciendes la calefacción, el aire caliente sube y el interior queda con menos presión que el suelo.
Esa diferencia de presión funciona como una aspiradora suave que tira del gas hacia dentro.
Cómo influye la antigüedad y el estado de conservación del inmueble
Con los años, un edificio se mueve, se asienta y se agrieta.
Cada fisura en la solera o en un muro de sótano es una puerta más para el gas. Y lo que hoy parece una simple grieta de pintura puede ser un punto de entrada.
Las reformas pesan igual.
Cambiar ventanas, sellar rendijas o aislar mejor para gastar menos en calefacción tiene todo el sentido, pero deja la casa mucho más estanca.
Así, si el radón ya entraba desde abajo, ahora se renueva menos aire y el gas se queda más tiempo.
Por dónde puede entrar el radón en viviendas antiguas
Los edificios de hace 60 o 100 años se levantaron sin pensar en barreras contra los gases del suelo.
Entonces, ¿por dónde empezar a mirar? Lo más útil es recorrer la casa de abajo arriba, siguiendo el camino del gas:
Grietas, juntas, soleras y encuentros con el terreno
Observa por dónde la casa se apoya en el suelo. En una vivienda antigua, la solera suele ser fina, de hormigón pobre o directamente inexistente. Además, con los años se ha ido agrietando por asentamientos y humedad.
Las grietas grandes se ven. Las que más gas dejan pasar son otras:
- La junta entre suelo y muro, donde la solera se separa un poco de la pared.
- Los pasos de tuberías, cables y desagües, casi nunca sellados en obras de hace décadas.
- Las arquetas y los sumideros, que conectan directamente con el terreno.
- Los suelos de tierra o baldosa hidráulica sobre tierra, con muchas juntas y ninguna barrera.
Si reformas, no tapes con cemento y des el problema por resuelto. Con una obra parcial, el radón busca otra salida más cercana.
Sótanos, cámaras sanitarias y otras zonas vulnerables
Aquí el gas tiene más superficie de contacto con el terreno y menos aire que lo diluya.
Por eso el sótano suele dar las lecturas más altas, aunque no vivas en él.
En la cámara sanitaria, el matiz está en la ventilación. Muchas casas antiguas tenían rejillas que se taparon al reformar, al aislar o por miedo a los roedores.
Qué reformas pueden modificar la concentración de radón
Reformar una casa con años a cuestas casi siempre mejora el confort.
Menos frío, menos facturas y más luz. Sin embargo, lo que muchos propietarios no saben es que esas mismas obras pueden cambiar cómo se comporta el radón en viviendas antiguas.
Por eso, una obra bien pensada puede mejorar la calidad del aire interior.
Por el contrario, una obra que solo persigue ahorro energético puede dejarte con más radón del que tenías.
Vamos a separar los dos puntos que más pesan en esta ecuación:
Cambio de ventanas, aislamiento y aumento de la hermeticidad
Cambiar las ventanas es la reforma que más altera el aire de una casa.
Las carpinterías antiguas dejaban pasar aire por cada rendija, y eso diluía sin querer el radón acumulado.
En cambio, unas ventanas nuevas y estancas cortan esas fugas.
Con el aislamiento pasa algo parecido. Trasdosados, aislamiento por el exterior (SATE) o el sellado de cajones de persiana reducen las infiltraciones y hacen que el aire interior se renueve mucho menos.
Por qué rehabilitar una vivienda puede hacer recomendable una nueva medición
Una medición de radón describe la casa tal y como estaba el día en que se midió.
Por tanto, si después haces obras, esa foto queda obsoleta. Cambian la ventilación, el uso de las estancias y hasta el modo en que el aire se mueve entre plantas.
Por eso conviene volver a medir cuando la reforma incluya alguno de estos cambios:
- Sustitución de ventanas o aislamiento de la envolvente.
- Nueva solera, apertura de huecos o intervenciones en el sótano o la planta baja.
- Cambio de uso, como convertir un sótano o un garaje en dormitorio, despacho o local.
- Instalación de sistemas de climatización o ventilación mecánica.
Mide siempre en las estancias de la planta más baja que se habiten, y con detectores pasivos que registren durante varios meses.
Cómo saber si una vivienda antigua tiene un problema de radón
El radón en viviendas antiguas no huele, no se ve y no deja manchas en la pared. Por eso muchos propietarios viven años en casas con concentraciones elevadas sin sospecharlo.
Entonces, ¿cómo salir de dudas? Solo hay una vía: medir.
Por qué no es posible detectar el radón sin realizar una medición
Puedes revisar la casa de arriba abajo y no encontrar nada raro. El radón no tiene color ni sabor, y no provoca síntomas que te avisen a corto plazo.
Sus efectos, además, tardan años en aparecer y se parecen a los de otros problemas respiratorios.
Además, las inspecciones visuales tampoco lo resuelven. Una grieta en la solera o un sótano húmedo indican que el gas podría entrar, pero no cuánto entra ni cuánto se queda dentro.
Y aquí viene lo que sorprende a muchos propietarios: la concentración de radón cambia.
Varía entre el día y la noche, entre invierno y verano, entre un día de viento y uno de calma.
Lo mismo pasa con los vecinos. Dos viviendas antiguas del mismo edificio pueden tener niveles muy distintos por el estado de sus suelos o la altura de cada planta.
Cuándo y cómo realizar una medición fiable
Cuándo medir. Lo ideal es hacerlo en los meses fríos, con las ventanas cerradas más tiempo, porque es cuando el radón se acumula más.
Cuánto tiempo. Los detectores pasivos de trazas, los más habituales y económicos, deben permanecer entre dos y tres meses.
Por eso, cuanto más tiempo, más se acerca la lectura al promedio real que respiras.
Dónde colocarlos. Sigue estas pautas:
- En la planta más baja que se habite, como salón o dormitorio, no en trasteros ni garajes.
- A una altura de entre 1 y 1,5 metros del suelo.
- Lejos de ventanas, corrientes de aire, radiadores y paredes exteriores.
Cómo vivir durante la medición. Haz vida normal. No ventiles más de lo habitual ni selles rendijas a propósito, porque el resultado debe reflejar el uso real de la casa.
Quién analiza los datos. Los detectores se envían a un laboratorio acreditado, que te entrega un resultado en Bq/m³.
Cómo reducir el radón en viviendas antiguas
Si tu casa ya tiene décadas, seguramente te preguntas si el radón en viviendas antiguas es un problema tuyo.
Puede serlo, ya que se acumula con más facilidad: los cimientos tienen grietas, los suelos no llevan barreras y los sótanos casi no se ventilan.
Por eso vamos por partes:
Soluciones de mitigación según las características del edificio
No existe una solución única. Lo que da resultado en una casa con sótano puede no servir en otra con forjado sanitario.
Estas son las opciones más habituales:
- Despresurización del subsuelo: se extrae el aire del terreno bajo la vivienda con un pequeño ventilador y se expulsa al exterior antes de que entre.
- Ventilación de cámaras y forjados sanitarios: en viviendas elevadas sobre el terreno, renovar el aire de esa cámara evita que el gas suba a las habitaciones.
- Membranas y sellado de puntos de entrada: funcionan mejor como complemento. Cerrar fisuras y pasos de instalaciones reduce la entrada, pero sin otra medida suele quedarse corto.
- Ventilación mecánica controlada: útil cuando las concentraciones son moderadas o el edificio no admite obra en el suelo.
La importancia de realizar un diagnóstico previo antes de intervenir
Aquí se decide casi todo. Sin medir, no sabes si tienes un problema ni de qué tamaño, y tampoco puedes comprobar después si la solución ha funcionado.
La medición se hace con detectores pasivos que se dejan en la vivienda durante unos meses, porque el radón varía según la estación, el clima y hasta la hora del día.
Lo habitual es colocarlos en las estancias de la planta más baja que se utilicen. La referencia que se maneja en España es de 300 Bq/m³.
¿Quieres saber cuánto radón hay en tu vivienda? Nuestro equipo de Xpertradon puede medir, diagnosticar y proponerte la solución que mejor encaje con tu caso.
Contáctanos y cuéntanos cómo es tu vivienda.