Quizás nunca has pensado en el radón cuando aparcas el coche, subes las bolsas de la compra y cierras la puerta del garaje.
Y es lógico, porque no huele, no se ve y nadie te avisa.
Pero el garaje puede ser la principal vía de entrada de este gas radiactivo al interior de tu edificio.
Sobre todo porque este espacio está integrado en la planta baja o en el sótano. Entonces, las diferencias de presión entre el interior y el exterior empujan ese aire hacia las zonas habitadas.
Como propietario o arrendador, esto te afecta más de lo que parece.
No solo por la salud de quienes viven en el edificio, sino también por tu responsabilidad legal y por el valor real del inmueble.
Por qué los garajes son zonas críticas en la acumulación de radón
El radón se concentra donde encuentra las condiciones adecuadas para acumularse, y los garajes reúnen casi todas ellas.
Cuanto más cerca está un espacio del terreno y cuanto menos renueva su aire, más probable es que llegue a niveles que merecen atención.
Los garajes, especialmente los que forman parte de la estructura del edificio, cumplen ambas condiciones casi siempre.
Por eso, hay dos factores que explican la mayor parte de este problema. No son los únicos, pero sí los más determinantes.
Vamos con el primero:
- Contacto directo con el terreno
La mayoría de los garajes integrados en edificios están en una losa de hormigón que apoya directamente sobre el terreno, o muy cerca de él.
Y el hormigón, por muy sólido que parezca, no es una barrera hermética frente al radón.
El gas se filtra a través de microfisuras, juntas de dilatación, encuentros entre la losa y los muros y cualquier pequeña discontinuidad constructiva.
Un detalle que pocos tienen en cuenta es que las tuberías y los pasos de instalaciones que atraviesan la losa son otra vía de entrada habitual.
- Menor ventilación habitual
Un garaje no se ventila como una vivienda. No tiene ventanas que se abran por la mañana ni sistemas de renovación de aire pensados para el confort de las personas.
En espacios cerrados o semienterrados, el aire puede quedar estancado durante horas o días.
El radón que entra desde el terreno no tiene por dónde salir y se acumula progresivamente.
Cómo el uso del garaje influye en la entrada de radón al edificio
En muchos edificios, el garaje es el punto de entrada más activo de radón hacia las zonas habitadas.
Como hemos mencionado, el gas se genera en el terreno de forma natural por la desintegración del uranio presente en el suelo y las rocas. Desde ahí, busca salida hacia el exterior.
Por eso, cuando encuentra un garaje, lo usa como cámara de tránsito.
Hay dos factores que explican casi todo lo que pasa en este proceso:
- Apertura de puertas y circulación de aire
Cada vez que se abre la puerta que comunica el garaje con el interior del edificio, se produce un intercambio de aire.
Y, si en ese momento el garaje tiene concentraciones elevadas de radón, parte de ese aire contaminado entra hacia el portal, la escalera o el rellano.
No hace falta que la puerta esté abierta mucho tiempo. Unos segundos son suficientes para que el gas entre y se distribuya.
- Conexión con zonas habitables
El segundo factor es estructural.
Cuando el garaje comparte paredes, forjados o instalaciones con las viviendas, el gas tiene múltiples vías para colarse sin que nadie las haya identificado.
No hablamos solo de puertas. Hablamos de pasos de instalaciones eléctricas, tuberías, huecos de ventilación, juntas de construcción o grietas en el forjado.
En edificios más antiguos, estas conexiones son más frecuentes y menos controladas.
Pero incluso en construcciones recientes, si no se ha prestado atención específica al sellado de estas uniones durante la obra, el problema puede estar presente desde el primer día.
Factores que aumentan el riesgo en garajes
No todos los garajes presentan el mismo nivel de riesgo.
El radón siempre está ahí, filtrándose desde el suelo, pero hay condiciones concretas que hacen que un garaje acumule concentraciones mucho más altas de lo que sería esperable.
Y esas condiciones, en la mayoría de los casos, tienen que ver con cómo está construido el edificio y cómo se usa ese espacio cada día.
Dos factores concentran la mayor parte del riesgo: cómo está diseñado y construido el garaje, y qué tipo de uso recibe:
- Diseño constructivo
El primer punto crítico es la solera. Una solera sin tratamiento impermeabilizante, con juntas mal selladas o con fisuras por asentamiento, ofrece poca resistencia al paso del gas.
El segundo punto es la conexión entre el garaje y las plantas superiores.
Pasos de instalaciones sin sellar, huecos de escalera sin puerta estanca, conductos de ventilación compartidos… Cada uno de esos elementos puede actuar como un canal directo hacia las zonas habitadas.
Y, en muchos edificios, especialmente en los construidos antes de que existiera cualquier normativa al respecto, esos detalles no se tuvieron en cuenta.
- Uso intensivo y falta de ventilación
Un garaje con mucho tráfico de vehículos crea cambios de presión constantes.
Cada vez que se abre el portón, entra aire del exterior. Ese movimiento de aire puede parecer ventilación, pero, en la práctica, diluye el radón acumulado y a veces lo redistribuye hacia zonas del edificio donde no debería llegar.
El problema real aparece en los periodos de inactividad: por la noche, durante el fin de semana o en temporadas de menor uso.
Hay otro detalle que suele pasarse por alto: los garajes comunitarios con plazas de aparcamiento cerradas o trasteros integrados.
Esos espacios compartimentados reducen todavía más la circulación del aire.
El radón se concentra y, desde ahí, encuentra camino hacia las viviendas colindantes o superiores.
Cómo detectar si el garaje está afectando a otras zonas del edificio
Si quieres saber si el radón del garaje está llegando a las plantas superiores, necesitas datos. Y conseguirlos es más sencillo de lo que parece.
Ahora bien, detectar que hay un problema no es lo mismo que entender su magnitud ni su origen.
Para eso hace falta medir en distintos puntos del edificio y analizar cómo se distribuyen las concentraciones:
- Mediciones en diferentes niveles
El radón no se distribuye de forma uniforme. Sube, se acumula, se diluye según la ventilación de cada planta y se comporta de manera distinta en una vivienda del primer piso que en una del cuarto.
Por eso, una estrategia de medición rigurosa implica colocar detectores en varios niveles del edificio de forma simultánea.
Lo habitual es empezar por los puntos más vulnerables, como el garaje, la planta baja y el primer piso.
Si ahí los niveles son bajos, el riesgo para las plantas superiores es menor. Si son elevados, hay que seguir midiendo hacia arriba.
El periodo mínimo de mediciones habituales recomendado es de 60 días. Cualquier tiempo menor a este puede dar resultados poco representativos.
- Análisis de concentraciones
Tener los datos en la mano es solo el principio. Lo que realmente importa es saber leerlos.
Cuando recibes los resultados de una medición de radón, el número que aparece -expresado en becquerelios por metro cúbico (Bq/m³)- necesita contexto para tener sentido.
No es lo mismo 80 Bq/m³ en una vivienda habitual que 280 Bq/m³ en un edificio con garaje integrado y ventilación deficiente.
El umbral de referencia en España está fijado en 300 Bq/m³ para espacios interiores.
Por encima de ese valor, el Código Técnico de la Edificación y la normativa vigente obligan a actuar.
Pero esperar a llegar a ese límite no es la mejor estrategia. Valores sostenidos por encima de 150-200 Bq/m³ ya merecen atención, especialmente en edificios donde los inquilinos pasan muchas horas al día.
Cómo reducir el impacto del radón procedente del garaje
Lo primero que hay que entender es que no existe una solución universal.
Cada edificio tiene una geometría distinta, una relación diferente con el terreno y un comportamiento particular del aire interior.
Por eso, antes de aplicar cualquier medida, es necesario medir. Sin datos reales de concentración, cualquier intervención es un disparo al aire.
Dicho esto, hay dos líneas de acción que funcionan bien cuando se aplican correctamente:
- Mejora de ventilación
Un garaje bien ventilado dificulta que el radón se acumule y, sobre todo, reduce la presión que empuja el gas hacia las plantas superiores.
Aquí lo importante no es abrir una ventana y esperar. La ventilación eficaz en un garaje implica crear un flujo de aire cruzado y controlado.
Cuando esto no es posible de forma natural, la extracción mecánica es la alternativa.
- Soluciones de mitigación con Xpertradon
Cuando la ventilación no basta o cuando los niveles medidos superan el umbral de 300 Bq/m³ establecido por el Código Técnico de la Edificación, toca ir un paso más allá.
Xpertradon es una empresa formada por físicos especializados en protección radiológica, con más de 25 años de experiencia y acreditación ISO 9001 desde 2004.
No vendemos soluciones genéricas. Medimos, analizamos y certificamos.
Y lo hacemos con independencia total de las empresas de remediación, lo que garantiza que el diagnóstico no esté condicionado por intereses comerciales.
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