El radón en bodegas puede pasar desapercibido porque no tiene color, olor ni sabor, pero puede acumularse en espacios cerrados, especialmente cuando están en contacto directo con el terreno.
Es más, las características constructivas del inmueble, el contacto con el suelo y la ventilación pueden favorecer la entrada y concentración de este gas en el interior.
Esto no significa que todas las bodegas tengan niveles elevados.
Por lo tanto, si gestionas una bodega, trabajas en ella o eres responsable de un inmueble de este tipo, conocer dónde puede entrar el radón y qué factores favorecen su acumulación te permitirá actuar de forma oportuna.
¿Por qué puede acumularse gas radón en una bodega?
El radón es un gas radiactivo natural, invisible e inodoro, que se genera por la descomposición del uranio presente en suelos y rocas.
En una bodega, este gas encuentra las condiciones perfectas para concentrarse sin que nadie lo note.
¿La razón? La proximidad al terreno y la escasa renovación de aire convierten estos espacios en auténticos puntos de acumulación de radón en interiores.
Para entender bien el problema, debes mirar de cerca dos aspectos que lo explican casi por completo:
Espacios bajo rasante y contacto directo con el terreno
Una bodega, por definición, está pegada al terreno.
Sus paredes y su suelo tocan directamente la tierra donde se forma el radón, y eso cambia por completo el escenario respecto a una habitación en planta baja o superior.
Cuanto más antigua es la construcción, más riesgo suele haber. Las bodegas construidas hace décadas rara vez incorporaron barreras antirradón, algo que hoy sí contempla la normativa en zonas de riesgo.
Ventilación limitada y acumulación del radón en interiores
Aquí está la otra mitad del problema. Aunque el terreno emita radón de forma constante, en un espacio bien ventilado ese gas se diluiría y dejaría de ser un riesgo.
El problema es que las bodegas casi nunca están pensadas para eso.
Suelen tener pocas aberturas, o directamente ninguna. Y las que existen rara vez garantizan un recambio de aire real.
Qué factores pueden aumentar los niveles de radón en una bodega
El radón en bodegas no aparece por casualidad y su concentración depende de varios factores que conviene conocer antes de sacar conclusiones precipitadas.
Pero hay dos factores que merecen la pena mirar con detalle, porque suelen ser los responsables directos de que una bodega concentre niveles elevados de radón:
Geología del terreno y características constructivas
No todas las bodegas parten del mismo punto de riesgo. El tipo de subsuelo marca buena parte del recorrido.
Por ejemplo, los terrenos graníticos, volcánicos o con vetas de uranio y torio liberan radón de forma constante, mientras que suelos arcillosos o calizos suelen presentar concentraciones más bajas.
La forma de construcción también pesa. Una bodega semienterrada, con muros en contacto directo con la tierra y sin ninguna barrera de por medio, ofrece al gas un camino mucho más sencillo para entrar.
Y aquí conviene aclarar que el año de construcción importa. Las bodegas más antiguas, levantadas sin ningún criterio de estanqueidad frente a gases del suelo, parten con una desventaja considerable frente a las construcciones recientes.
Grietas, juntas y otras vías de entrada del gas
Las grietas en la solera son la vía más habitual. Basta una fisura de apenas unos milímetros para que el radón encuentre un camino directo hacia el interior.
Sobre todo, si la presión del subsuelo es mayor que la del aire dentro de la bodega, algo que ocurre con más frecuencia de la que se piensa.
Las juntas de dilatación tampoco se libran. Se instalan para absorber los movimientos naturales del edificio, pero con el tiempo pierden estanqueidad y acaban funcionando como una puerta abierta para el gas.
Otros puntos críticos que conviene revisar son:
- Uniones entre solera y muros, donde el sellado suele fallar antes que en el resto de la estructura.
- Pasos de instalaciones (tuberías, desagües, cableado), auténticos puntos débiles si no están correctamente sellados.
- Poros del hormigón, especialmente en soleras antiguas o de baja calidad, que permiten el paso del gas de forma gradual pero constante.
- Sumideros y arquetas sin tapa hermética, que actúan como chimeneas directas desde el subsuelo.
Qué riesgos supone el radón para los trabajadores de una bodega
El radón en bodegas es un problema silencioso. No se ve, no huele y no avisa, pero se acumula en sótanos, cuevas de crianza y zonas subterráneas donde el aire apenas circula.
Precisamente ahí es donde muchos trabajadores pasan buena parte de su jornada.
Por eso es importante fijar la atención en dos aspectos que marcan la diferencia entre una bodega segura y una que no lo es:
Cómo influye el tiempo de permanencia en la exposición
Con el radón, el tiempo lo es todo. No es lo mismo entrar diez minutos a por una botella que pasar ocho horas diarias etiquetando o removiendo barricas en la sala de crianza.
La exposición se mide en función de la concentración del gas y de las horas que una persona respira ese aire.
Es lo que se conoce como dosis acumulada, y crece de forma proporcional: a más horas ahí dentro, más radiación absorbida.
Por ejemplo, un enólogo que solo baja a catar una vez por semana no corre el mismo riesgo que el operario que trabaja fijo en la nave subterránea.
Radón y prevención de riesgos laborales
La normativa exige medir los niveles en los puestos de trabajo subterráneos y actuar si se superan los límites establecidos.
El primer paso siempre es medir.
Un detector colocado durante varios meses en las zonas de mayor riesgo da una imagen real de la concentración de radón, muy distinta de una medición puntual de un solo día.
Con los datos en la mano, las soluciones no tienen por qué ser costosas.
La única forma de conocer la dosis que recibe el personal con ocupación de las zonas afectadas es con los datos de concentración y ocupación, y debe ser calculada en todo momento por personal especializado.
Mejorar la ventilación natural o forzada, sellar grietas en suelos y muros, o instalar sistemas de despresurización bajo la solera son medidas que reducen la concentración de forma notable.
También hay margen en la organización del trabajo. Rotar tareas para limitar las horas de permanencia en las zonas más afectadas, o reservar los trabajos más largos para las épocas con mejor ventilación natural.
Y no menos importante, debes informar al equipo. Un trabajador que entiende qué es el radón y por qué se toman ciertas medidas colabora mucho mejor.
Cómo medir correctamente el radón en bodegas
Medir el radón en bodegas no es capricho técnico. En realidad, es la única forma de saber si ese espacio bajo tierra, tan fresco y tan tuyo, esconde un riesgo que no se ve ni se huele.
Con la decisión ya tomada, quedan dos preguntas que marcan si esa medición sirve de algo o se queda en papel mojado:
Dónde colocar los detectores para obtener resultados representativos
Un detector pegado a la puerta o cerca de una rejilla de ventilación te va a dar una lectura falsamente baja, porque ahí el aire se renueva más de lo normal.
La zona ideal es la que la gente realmente usa, como la sala de barricas o el espacio donde alguien pasa horas trabajando.
Como norma práctica, coloca el detector a una altura entre 20 y 200 centímetros del suelo, lejos de corrientes de aire directas, focos de calor o humedad excesiva.
Por qué es importante medir durante un periodo adecuado
Una medición de dos o tres días puede pillar justo un momento atípico, y entonces la lectura no representa la exposición real.
Por eso la recomendación técnica es medir un mínimo de tres meses, idealmente incluyendo la temporada fría, que suele ser cuando los niveles tienden a subir por la menor ventilación natural.
Si lo que buscas es una decisión rápida, existen protocolos de cribado a corto plazo.
Qué hacer si se detectan niveles elevados de radón en una bodega
Recibir un resultado de radón por encima de lo recomendado no es motivo de alarma, pero sí de acción.
Con el diagnóstico claro, llega el momento de intervenir. Vayamos a ver qué opciones existen sobre la mesa:
Ventilación, despresurización y otras soluciones de mitigación
La ventilación es, casi siempre, el primer recurso. Puede ser tan sencillo como reforzar la extracción de aire de la bodega o instalar rejillas que renueven el ambiente de forma constante.
Cuando eso no basta, la despresurización activa del subsuelo (SSD, por sus siglas en inglés) es la técnica que mejores resultados da.
Consiste en instalar un tubo que capta el gas bajo la solera y lo expulsa al exterior mediante un extractor, antes de que llegue a entrar en el espacio habitado.
Es la solución más utilizada a nivel internacional porque reduce los niveles de radón de forma drástica, muchas veces por encima del 90%.
Hay alternativas complementarias que conviene conocer:
- Sellado de grietas y juntas: reduce las vías de entrada, aunque rara vez basta por sí solo.
- Sistemas de presión positiva: inyectan aire desde el exterior para contrarrestar la succión que arrastra el radón hacia dentro.
- Barreras de membrana: se instalan bajo la solera en obra nueva o reformas integrales.
Cómo diseñar una actuación adaptada a las características de cada instalación
No hay una fórmula única para todas las bodegas. Antes de decidir cualquier intervención, hace falta estudiar el tipo de suelo, la profundidad del espacio, el sistema constructivo y el uso que se le da a la instalación.
No es lo mismo mitigar el radón en una bodega vinícola con tránsito diario de personal que en un espacio de almacenamiento ocasional.
En el primer caso, la prioridad es mantener niveles seguros de forma continua; en el segundo, puede bastar con una solución más ligera y menos costosa.
También pesa mucho el presupuesto disponible y si la bodega es de obra nueva o ya construida.
Integrar una barrera de membrana durante la construcción sale mucho más económico que aplicarla después.
Por tanto, detectar radón elevado en una bodega no tiene por qué convertirse en un problema mayor.
Con un diagnóstico certero y una solución de mitigación bien diseñada, los niveles vuelven a rangos seguros en poco tiempo, y la instalación queda protegida a largo plazo.
Lo que marca la diferencia no es la técnica en sí, sino que esté adaptada a las características reales de cada espacio.
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