6Jul2026

Qué errores constructivos favorecen la entrada de radón en edificios

Qué errores constructivos favorecen la entrada de radón en edificios

El radón en edificios entra por donde nadie mira. No por una grieta obvia ni por una ventana mal cerrada, sino por los detalles que se dan por válidos durante la obra y que después nadie vuelve a revisar. 

Incluso, el edificio puede estar perfectamente terminado, con los acabados en orden y las inspecciones superadas, mientras el radón se mueve con total libertad por dentro. 

Lo más incómodo de todo es que muchos de esos errores no vienen de la negligencia. 

Vienen de no saber qué detalle importa, en qué fase de la obra se juega la partida y por qué algunas soluciones estándar no son suficientes cuando el terreno tiene una carga alta de radón. 

Si gestionas un edificio, o estás a punto de reformar o construir uno, lo que viene a continuación te va a resultar muy útil. 

Por qué el radón entra en los edificios desde el terreno 

El radón en edificios tiene siempre como punto de partida el suelo. Como ya hemos mencionado, este gas se genera de forma continua en rocas y sedimentos que contienen uranio, como granito, pizarra o ciertos suelos arcillosos. 

Por eso, cualquier discontinuidad en la envolvente inferior del edificio se convierte en una vía de entrada. 

Hay dos factores que explican por qué el radón termina dentro y no fuera: 

  • Movimiento natural del gas 

El radón, en cuanto se genera en el suelo, empieza a moverse hacia zonas de menor concentración. 

Es física básica, ya que los gases se desplazan desde donde hay más hacia donde hay menos. 

En un terreno sin construir, ese movimiento acaba dispersándose en la atmósfera y no hay problema. 

El conflicto aparece cuando encima de ese terreno hay una estructura. El edificio interrumpe la dispersión natural y el gas se acumula justo debajo de la solera. 

  • Diferencias de presión entre suelo e interior 

El interior de cualquier edificio tiende a estar a una presión ligeramente inferior a la del terreno que tiene debajo. 

Esa diferencia, aunque sea de unos pocos pascales, convierte el edificio en un extractor involuntario. 

¿Por qué se crea esa depresión? Por varias razones que se combinan. 

El efecto chimenea en invierno, cuando el aire caliente interior sube y crea una zona de baja presión en las plantas bajas. 

Los sistemas de extracción de aire que expulsan más aire del que introducen. 

Incluso el viento, que, dependiendo de la dirección y la morfología del edificio, puede reforzar ese efecto. 

El resultado es siempre el mismo. El gradiente de presión trabaja a favor del radón, no en contra. 

Errores constructivos más frecuentes que facilitan la entrada de radón 

Un suelo sin sellado adecuado, una canalización que atraviesa el forjado sin el aislamiento necesario, una junta de dilatación que lleva años trabajando sin que nadie la revise. 

Y aquí está el matiz que pocos mencionan: este gas no necesita grandes huecos. 

Le basta con una grieta de milímetros o el espacio mínimo alrededor de un tubo para infiltrarse y acumularse en el interior del edificio. 

Hay dos vías de entrada que concentran la mayoría de los casos y que conviene entender bien: 

Fisuras y juntas mal selladas 

El interior del edificio suele estar a menor presión que el subsuelo, especialmente en plantas bajas y sótanos. Eso convierte cada abertura en una vía de succión activa. 

Los puntos más conflictivos suelen ser estos: 

  • Juntas de dilatación estructural sin sellado perimetral. 
  • Encuentros entre solera y muros de contención. 
  • Fisuras en forjados sanitarios o losas en contacto con el terreno. 
  • Zonas de paso entre diferentes materiales con distinta rigidez. 

Paso de instalaciones sin aislamiento adecuado 

Cada tubería que entra al edificio desde el subsuelo es una potencial vía de entrada de radón. 

Las instalaciones más problemáticas son las que atraviesan la solera o el forjado en contacto con el terreno: 

  • Bajantes y tuberías de saneamiento. 
  • Acometidas de agua y gas. 
  • Canalizaciones eléctricas y de telecomunicaciones. 
  • Conductos de climatización que vienen del exterior o del subsuelo. 

Cómo influye el diseño del edificio en la acumulación de radón 

No todos los edificios acumulan radón de la misma manera. La concentración final depende, en buena parte, de cómo está concebido el inmueble desde el principio. 

Un edificio compacto con poca superficie en contacto con el terreno se comporta de forma muy distinta a uno con planta baja amplia o con sótano. 

En todo caso, hay dos factores de diseño que concentran la mayoría de los problemas: 

  • Sótanos y plantas bajas 

Si el edificio tiene sótano, ya tienes la mitad del problema encima de la mesa. Los espacios enterrados o semienterrados son los puntos de entrada más habituales del radón porque están en contacto directo con el terreno. 

En plantas bajas sin sótano, el riesgo también existe, aunque a veces se subestima. 

Una solera en contacto directo con el terreno sin barrera de vapor eficaz es, en la práctica, una superficie permeable al gas. 

Lo que agrava la situación en ambos casos es que estos espacios suelen tener poca renovación de aire. Y eso nos lleva directamente al siguiente punto. 

  • Falta de ventilación y renovación de aire 

Un espacio que no ventila correctamente acumula el gas de forma progresiva. 

No ocurre de un día para otro, pero la concentración sube con el tiempo y, sin medición, nadie lo nota hasta que los niveles son ya un problema real. 

Lo que complica esto es que muchos edificios tienen sistemas de ventilación que funcionan sobre el papel, pero que en la práctica crean desequilibrios de presión. 

Problemas habituales en rehabilitaciones y mejoras energéticas 

Rehabilitar un edificio debería mejorar las condiciones de vida dentro de él. Y, en muchos aspectos, lo hace. 

Pero hay un efecto secundario que pocas veces se menciona en los proyectos de reforma: cuando se interviene en la envolvente sin pensar en la calidad del aire, el radón en edificios puede pasar de ser un problema menor a convertirse en uno serio. 

Además, la normativa vigente sobre rehabilitación rara vez exige una evaluación del riesgo de radón como paso previo a la obra. 

Hay dos factores que explican la mayor parte de estos casos:  

  • Exceso de hermeticidad 

Sellar bien un edificio es una buena práctica. El problema es cuando se lleva demasiado lejos sin compensarlo con ventilación mecánica controlada. 

Cuando se interviene en fachadas, cubiertas o soleras para mejorar el aislamiento térmico, se reducen las infiltraciones de aire que antes existían. 

Con una envolvente muy hermética y sin un sistema de ventilación que compense esa pérdida, el radón en edificios encuentra el escenario ideal para concentrarse. 

  • Ausencia de medidas preventivas frente al radón 

En la mayoría de las rehabilitaciones, el radón no forma parte del diagnóstico previo. 

No se mide, no se evalúa el riesgo según la zona geográfica y el tipo de terreno, y no se incluyen medidas de protección en el proyecto. 

Esto ocurre por varias razones. La normativa española obliga a considerar el radón en obra nueva en zonas de riesgo, pero en rehabilitación los requisitos son menos exigentes y, en la práctica, poco aplicados. 

Además, muchos técnicos no han recibido formación específica sobre concentración de radón en interiores, así que no lo contemplan aunque tengan toda la voluntad de hacer bien su trabajo. 

Cómo prevenir la entrada de radón desde la fase constructiva 

El Código Técnico de la Edificación ya recoge obligaciones concretas para municipios en zonas de riesgo desde la publicación del RD 732/2019. 

El capítulo HS6 establece que la concentración media anual no debe superar los 300 Bq/m³. No es una recomendación. Es un límite normativo. 

Y, aun así, hay obras que arrancan sin haberlo tenido en cuenta. 

Para conseguirlo, hay dos herramientas que van siempre de la mano: las barreras físicas y la ventilación: 

  • Barreras y sistemas de ventilación 

Las barreras antirradón son membranas o láminas de baja permeabilidad que se instalan en la solera y en los puntos de contacto del edificio con el terreno. 

Su función es interrumpir el camino que sigue el gas desde el suelo hasta el interior. 

Pero una barrera mal colocada, con juntas sin sellar o sin continuidad en los encuentros con muros y pilares, no protege de nada. El detalle de ejecución lo es todo aquí. 

La ventilación complementa ese trabajo. Un sistema de despresurización bajo solera extrae el gas antes de que entre. 

La ventilación mecánica controlada en plantas bajas reduce la concentración si el gas ya ha penetrado. 

  • Evaluación y medición profesional con Xpertradon 

Saber si tu edificio tiene un problema real de radón requiere medir. 

En Xpertradon llevamos años haciendo exactamente eso. Somos una Unidad Técnica de Protección Radiológica formada íntegramente por físicos especializados, con acreditación ISO 9001 y colaboración con el laboratorio LaRUC. 

Al mismo tiempo, ofrecemos servicios de medición certificada para edificios en construcción, centros de trabajo y particulares, con criterios de trazabilidad e independencia que garantizan resultados fiables. 

Si gestionas un edificio en una zona incluida en el apéndice B del CTE, o solo quieres saber a qué concentración de radón están expuestas las personas que trabajan o viven en él, una medición profesional es el punto de partida que no se puede saltar. 

Contáctanos y obtén una evaluación certificada. 

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