27Jul2026

Cómo saber si un edificio necesita un estudio de radón

Cómo saber si un edificio necesita un estudio de radón

Vives o trabajas en un edificio y nunca te has planteado si el aire que respiras esconde algo invisible.

Un estudio de radón responde justo a esa duda, aunque casi nadie piensa en hacerlo.

Como sabes, el radón no tiene olor ni color. No mancha paredes ni deja rastros visibles.

Por eso, puede acumularse durante años en sótanos, garajes o plantas bajas sin que nadie lo note.

En especial porque entra por grietas mínimas, se concentra en espacios cerrados y solo se confirma con una medición adecuada.

La normativa actual en España ya obliga a evaluarlo en determinadas zonas y tipos de edificación, y desconocer esa obligación no exime de cumplirla.

Ignorar la señal tiene un coste. No solo legal, también de salud.

La buena noticia es que identificar si tu edificio lo necesita no requiere ser un experto, ya que existen indicios claros, criterios técnicos y pasos concretos que puedes seguir hoy mismo para salir de la duda.

Qué es un estudio de radón y por qué es importante

Un estudio de radón es una medición técnica que determina la concentración de este gas en el aire interior de un edificio.

Ahora bien, entender qué mide un estudio de radón es solo el primer paso.

Lo interesante viene después, porque hay que saber qué persigue exactamente esa medición:

Objetivos de la medición

Medir el radón tiene como propósito identificar la concentración real de gas en las viviendas, oficinas, aulas o plantas bajas con uso continuado.

No tiene sentido medir un trastero que nadie pisa si el problema está en el salón de la planta baja.

El segundo objetivo es detectar los puntos de entrada del gas, ya sea a través de grietas en la solera, juntas mal selladas, tuberías que atraviesan el suelo… cada edificio tiene sus propias vías de filtración.

Y el tercero es generar un informe con validez técnica y legal. Ese documento es el que necesitarás si vas a vender, alquilar o simplemente demostrar que tu edificio cumple con los límites establecidos.

Riesgos asociados a concentraciones elevadas

Cuando los niveles de radón superan los umbrales recomendados, el riesgo principal es respiratorio.

Lo delicado del radón es que el daño no aparece de un día para otro. Es un proceso silencioso, acumulativo, que se desarrolla a lo largo de años de exposición constante en el mismo espacio.

Pero el riesgo no termina en la salud. Un edificio con concentraciones elevadas y sin estudio ni corrección puede enfrentarse a problemas legales si se detecta durante una inspección.

Qué edificios tienen mayor probabilidad de necesitar un estudio

No todos los edificios corren el mismo riesgo.

En especial porque la geología del terreno pesa más que la antigüedad de la estructura.

Pero conviene bajar a lo concreto, porque no es lo mismo hablar de tu propia casa que de un edificio donde trabajan decenas de personas cada día.

Veamos ambos escenarios por separado, empezando por las zonas donde el riesgo viene marcado desde el propio territorio:

Viviendas y edificios en zonas de riesgo

En España existen mapas oficiales que clasifican el territorio según su potencial de radón. Los cuales son elaborados por diferentes organizaciones y pueden ser consultados por cualquier persona.

Si tu vivienda o edificio se ubica en una zona catalogada como de riesgo, la normativa ya contempla la obligación de realizar un estudio de radón antes de determinadas obras o cambios de uso.

Pero el mapa es solo el punto de partida, no la respuesta definitiva.

Dos viviendas separadas por una misma calle pueden presentar concentraciones distintas, porque influyen detalles como la profundidad de los cimientos, el tipo de solera o incluso si hay una grieta que nadie ha revisado nunca.

Lo mismo ocurre en construcciones antiguas sin barrera antirradón, un elemento que solo se empezó a exigir en la edificación más reciente.

Centros de trabajo y edificios públicos

Aquí el enfoque cambia de tamaño. Ya no hablamos de proteger a una familia, sino a decenas o cientos de personas que pasan buena parte del día en el mismo espacio.

La legislación laboral española ha ido endureciendo sus exigencias en este sentido, y muchos responsables de recursos humanos o de prevención de riesgos laborales todavía no saben que su edificio puede estar afectado.

Un estudio de radón en estos casos no es solo una cuestión de cumplimiento normativo, sino una forma concreta de cuidar a quienes confían en que ese espacio es seguro.

Señales que indican la conveniencia de realizar una medición

Hay señales previas, algunas evidentes y otras más sutiles, que ya te indican que ha llegado el momento de medir.

La ubicación es la primera pista. Si tu edificio está en zonas con suelos graníticos, pizarrosos o volcánicos, el riesgo de acumulación aumenta de forma natural.

Y hay dos factores que muchos pasan por alto porque no dependen del edificio en sí, sino de cómo ha cambiado con el tiempo:

Reformas o cambios de uso del edificio

Las reformas energéticas son, paradójicamente, uno de los factores que más ha disparado la necesidad de medición en los últimos años.

Cuanto mejor aíslas un edificio, menos renueva el aire de forma natural.

Los cambios de uso añaden otra capa de riesgo. Por eso, la normativa lo tiene en cuenta: cualquier cambio que aumente la ocupación de plantas bajas o sótanos puede activar la obligación de realizar un estudio de radón, aunque el edificio ya llevara años en pie.

Antecedentes geológicos y características constructivas

El terreno sobre el que se asienta el edificio cuenta una historia que conviene conocer antes de descartar el riesgo.

Incluso los materiales de construcción, el tipo de cimentación y la geología local determinan buena parte de la exposición real, incluso en edificios que, a simple vista, parecen impecables.

Por eso, conocer el historial constructivo del edificio, no solo su ubicación, es clave para saber si te conviene realizar la medición cuanto antes.

Cómo se realiza un estudio profesional de radón

Un estudio profesional de radón no consiste en pasar un aparato por las habitaciones y anotar un número.

Es un proceso con metodología propia, que sigue protocolos técnicos definidos y que requiere criterio para interpretar lo que los datos están diciendo.

Y es precisamente en este punto donde arranca la parte más visible del proceso:

Colocación de detectores

La colocación de los detectores es la fase que decide si el estudio de radón va a servir de algo o va a ser papel mojado.

Por eso, se priorizan siempre los espacios donde las personas pasan más horas seguidas.

La altura también importa. Los detectores se colocan a una distancia del suelo que suele rondar entre los 50 centímetros y los 2 metros, evitando tanto el contacto directo con el pavimento como zonas demasiado próximas al techo.

Hay que alejarlos de corrientes de aire. Nada de puertas, ventanas, rejillas o sistemas de climatización cerca.

Tampoco se colocan cerca de fuentes de humedad extrema ni en exteriores directos, salvo que el protocolo lo contemple específicamente.

Interpretación de resultados y evaluación técnica

Lo primero que hace un técnico es contextualizar la cifra. Un valor de concentración no significa lo mismo en un sótano sin uso habitual que en un aula donde los niños pasan seis horas diarias.

Después viene el cruce de variables, como el tipo de suelo, antigüedad del edificio, sistema de ventilación, presencia de grietas o juntas constructivas.

Un mismo resultado numérico puede tener orígenes completamente distintos, y eso cambia por completo la solución que hay que aplicar.

Qué hacer si el estudio detecta niveles elevados de radón

Recibir un informe con niveles por encima de 300 Bq/m³ no es motivo de pánico, pero tampoco algo que puedas dejar para más adelante.

Por eso, un buen plan de acción combina dos cosas: saber exactamente qué corregir y contar con quien pueda medir si la corrección funciona de verdad:

Diseño de medidas correctoras

El diseño de medidas correctoras empieza siempre por un diagnóstico: dónde se concentra el radón, qué vías de entrada tiene y qué características tiene la edificación.

A partir de ahí, las opciones más habituales son:

  • Sistemas de despresurización del terreno (SDS): extraen el aire cargado de radón desde debajo de la losa antes de que entre en la vivienda.
  • Sellado de grietas y juntas: reduce las vías de entrada directas, aunque rara vez es suficiente por sí solo.
  • Ventilación mecánica controlada: renueva el aire interior y diluye la concentración, útil como complemento en espacios habitados de forma continua.

Seguimiento y soluciones de mitigación con Xpertradon

Aplicar una medida correctora no es el final del proceso, es la mitad. La otra mitad es comprobar que funcionó, y eso solo se sabe con una nueva medición.

En XpertRadon lo tenemos claro porque llevamos desde 1995 midiendo radón.

Como Unidad Técnica de Protección Radiológica autorizada por el Consejo de Seguridad Nuclear, nos encargamos de la evaluación, el control y la gestión documental que exige la normativa, incluyendo las mediciones posteriores a la remediación.

Ese seguimiento es lo que marca la diferencia entre una reforma que resuelve el problema de fondo y otra que solo lo tapa.

¿Tu informe arrojó niveles elevados y no sabes qué medida corresponde a tu edificio?

Consulta con el equipo de XpertRadon y diseña, con criterio técnico y trazabilidad certificada, el plan de corrección y seguimiento que tu caso necesita.

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