3Sep2026

Radón en colegios y centros educativos: riesgos y prevención

Radón en colegios y centros educativos riesgos y prevención

Imagina que entras en el colegio de tus hijos un lunes por la mañana y te preguntas si el radón es algo que debería preocuparte.

No es un tema de películas de terror, sino una realidad que afecta a muchos centros educativos, especialmente en zonas con suelos graníticos o mal ventilados.

Por eso hemos escrito esta guía. La idea es compartir lo que sabemos, en experiencias de centros que ya han actuado.

Qué es el gas radón y por qué puede estar presente en los centros educativos

El radón es un gas radiactivo natural, incoloro e inodoro, que se produce al desintegrarse el uranio presente en rocas y suelos.

Al ser gaseoso, migra hacia la superficie y tiende a acumularse en interiores con poca ventilación, como aulas, gimnasios o sótanos de colegios.

Saber estos detalles ayuda a entender por qué aparece en algunos centros y en otros no:

Cómo entra el radón en los edificios escolares

El radón no «aparece» mágicamente en un colegio. Sube desde el suelo y se filtra por cualquier discontinuidad en la envolvente del edificio que esté en contacto con el terreno.

Las vías de entrada más habituales en centros educativos son:

  • Grietas y fisuras en soleras, muros de sótano y cimientos.
  • Juntas constructivas y de dilatación mal selladas entre forjados, muros y soleras.
  • Pasos de instalaciones como tuberías, desagües, conductos de saneamiento y huecos alrededor de cables.
  • Cámaras de aire en muros exteriores que comunican con el terreno.
  • Muros de bloque o ladrillo sin impermeabilizar en contacto directo con el suelo.

Factores que aumentan su concentración en colegios

Tener radón entrando no significa automáticamente niveles altos. Lo que dispara la concentración interior es la combinación de entrada + acumulación.

Los factores que más influyen en los niveles de radón en centros educativos son:

  • Geología del terreno: suelos graníticos, de pizarra, caliza o con mayor contenido en uranio emiten más radón.
  • Tipo de cimentación y construcción: sótanos, losas en contacto directo con el terreno y muros enterrados facilitan la entrada.
  • Estanqueidad del edificio: edificios muy cerrados, con pocas infiltraciones de aire exterior, acumulan más radón.
  • Ventilación real de las aulas: horarios con ventanas cerradas, sistemas de climatización que recirculan aire sin renovación suficiente y falta de ventilación nocturna.
  • Estacionalidad y uso: en invierno, con calefacción y menos ventilación, los niveles de radón en colegios tienden a subir respecto al verano.

Qué riesgos supone la exposición al radón en colegios

En entornos escolares, el peligro no está en pasar una hora en un aula, sino en acumular muchas horas, día tras día, en espacios con niveles altos.

Entender estos riesgos ayuda a poner en perspectiva por qué importa tanto el tiempo que alumnos y personal pasan dentro de las aulas y qué dicen las normas y recomendaciones para centros educativos:

La importancia de la exposición prolongada en espacios cerrados

El riesgo del radón se mide por el promedio de concentración a lo largo del tiempo y las horas que una persona respira ese aire.

La exposición es proporcional al número de horas, por lo que en un colegio puede aumentar año tras año.

Un nivel moderado de radón en un espacio donde se está muchas horas puede ser más relevante que un nivel más alto en un lugar de paso.

Por eso, las zonas críticas en centros educativos suelen ser:

  • Aulas en planta baja y sótanos, donde la entrada de radón es mayor.
  • Gimnasios, comedores y salas de actividades bajo rasante, con ocupación prolongada.
  • Despachos y zonas de trabajo del personal, donde la exposición ocupacional se acumula día a día.

Normativa y recomendaciones para centros educativos

En la Unión Europea, la Directiva 2013/59/EURATOM establece un nivel de referencia de 300 Bq/m³ como promedio anual de concentración de radón en recintos cerrados.

España lo ha trasladado al Real Decreto 1029/2022 y al CTE DB-HS6, que fija ese mismo umbral de 300 Bq/m³ para espacios de trabajo y edificios de uso público.

Para colegios, esto implica:

  • Considerar el centro como un espacio de trabajo donde el personal está expuesto de forma ocupacional.
  • Medir el radón en las zonas ocupadas y no en zonas de paso esporádico.
  • Usar laboratorios acreditados (UNE-EN ISO/IEC 17025) y mantener los detectores al menos dos meses, preferiblemente en invierno.

Si los resultados superan 300 Bq/m³, el centro debe:

  • Informar y consultar a los trabajadores.
  • Evaluar e implantar medidas correctoras: mejorar ventilación, sellar grietas, instalar sistemas de extracción o despresurización del subsuelo.
  • Reevaluar tras las actuaciones y repetir mediciones periódicamente.

Cómo detectar la presencia de radón en un colegio

En colegios, lo habitual es usar detectores pasivos (tipo CR-39 o carbón activado) colocados en las estancias más ocupadas como aulas, despachos, gimnasios y zonas de trabajo del personal.

Con los detectores colocados y el periodo de medición definido, el siguiente paso es elegir bien el momento y entender qué significan los números que devuelve el laboratorio:

Cuándo es recomendable realizar una medición

Lo ideal es medir el radón en colegios durante la temporada de calefacción, entre octubre y abril, cuando las ventanas están más cerradas y la ventilación natural es menor.

En estas condiciones, los valores reflejan mejor el peor escenario anual y evitan subestimar la concentración.

La normativa española y las guías del CSN recomiendan evitar el periodo estival para las mediciones oficiales.

Si solo se puede medir en verano, hay que aplicar factores de corrección estacional, pero siempre es preferible planificar la campaña en otoño o invierno.

Cómo interpretar los resultados obtenidos

Los informes de laboratorio acreditan la concentración media de radón en Bq/m³ para cada estancia medida, con su incertidumbre y periodo de exposición.

El valor clave a comparar es el nivel de referencia de 300 Bq/m³ que establece la normativa para espacios de trabajo y edificios de uso público.

Si todos los resultados están por debajo de 300 Bq/m³:

  • El centro cumple con el nivel de referencia vigente.
  • Se recomienda mantener un plan de ventilación adecuado y repetir la medición cada 10 años.

Si alguna zona supera 300 Bq/m³:

  • Hay que informar al personal y evaluar medidas correctoras.
  • Tras las actuaciones, se debe volver a medir para verificar que los niveles han bajado y establecer un seguimiento cada 5 años.

Medidas para prevenir y reducir los niveles de radón

Bajar el radón en un colegio no es cuestión de una única acción milagrosa, sino de combinar medidas que reduzcan la entrada del gas y diluyan lo que ya está dentro.

Con ese enfoque en mente, toca ver qué soluciones y sistemas de mitigación funcionan mejor en centros educativos y por qué el seguimiento y las mediciones periódicas son tan importantes:

Soluciones constructivas y sistemas de mitigación

En colegios con niveles altos de radón, las medidas se pueden agrupar en dos líneas: evitar que el gas entre y extraer o diluir el que ya está dentro.

Medidas para limitar la entrada de radón:

  • Barreras antirradón: láminas impermeables al gas bajo la solera o en muros en contacto con el terreno, con solapes sellados y continuidad en encuentros.
  • Cámaras de aire ventiladas: espacios entre el terreno y los locales habitables, diseñados para ventilar los gases antes de que lleguen al interior.
  • Sellado de vías de entrada: grietas, juntas de dilatación, pasos de tuberías y huecos en forjados y muros de sótano.
  • Sistemas de despresurización del terreno: tuberías y extractores que crean un vacío controlado bajo el edificio para impedir que el radón suba.

Medidas para reducir la concentración interior:

  • Aumento de la ventilación natural: protocolos de apertura de ventanas y uso de patios, especialmente en aulas de planta baja y sótanos.
  • Ventilación mecánica controlada: sistemas de extracción o insuflación (VMI, doble flujo) que renuevan el aire de forma constante y equilibrada.
  • Sobrepresión ligera en zonas críticas: adaptar la ventilación mecánica para mantener una presión ligeramente superior en sótanos o plantas bajas y dificultar la entrada de radón.

La importancia del seguimiento y las mediciones periódicas

Instalar un sistema de mitigación no cierra el tema. Por eso, el seguimiento es clave:

  • Medición tras las actuaciones: siempre hay que volver a medir después de cualquier intervención para comprobar que los niveles han bajado y que el sistema funciona como se esperaba.
  • Mediciones periódicas: se recomienda repetir las mediciones cada 5-10 años, según el riesgo inicial y el tipo de medidas implantadas.
  • Reevaluación tras cambios: cualquier reforma, cambio de uso de espacios o modificación de sistemas de climatización debería incluir una nueva campaña de medición de radón.

Cómo garantizar un entorno seguro para alumnos y personal docente

La idea no es solo cumplir una norma, sino proteger la salud a largo plazo de quienes pasan muchas horas cada día en esas aulas.

Para lograrlo, hace falta medir bien, interpretar los resultados con criterio técnico, aplicar las medidas correctoras adecuadas y mantener un plan de seguimiento en el tiempo.

Para que todo esto funcione de verdad, es clave contar con especialistas en radón y diseñar un plan de control y prevención a largo plazo:

La necesidad de contar con especialistas en radón

La medición, interpretación y mitigación del radón requieren conocimientos técnicos específicos y equipos adecuados.

Contar con especialistas en radón aporta, al menos, tres ventajas clave en un colegio:

  • Medición fiable y normativa: los expertos usan detectores validados y laboratorios acreditados, lo que garantiza resultados precisos y defendibles ante inspecciones.
  • Diagnóstico técnico real: no se limitan a dar un número, sino que analizan dónde está el problema y por qué se da.
  • Soluciones de mitigación efectivas: conocen los sistemas de despresurización, barreras, ventilación mecánica y sellado, y saben cómo combinarlos para bajar los niveles sin obras innecesarias ni gastos desproporcionados.

Beneficios de un plan de control y prevención a largo plazo

Entre los beneficios más relevantes están:

  • Protección continuada de la salud: reduces la exposición acumulada de alumnos y personal docente al radón, disminuyendo el riesgo de cáncer de pulmón a largo plazo.
  • Cumplimiento normativo sólido: te alineas con el Real Decreto 1029/2022, la Directiva EURATOM y las exigencias de prevención de riesgos laborales en centros educativos.
  • Mejora de la calidad del aire interior: las medidas contra el radón (ventilación, sellado, control de humedad) suelen mejorar también otros parámetros del ambiente interior.
  • Gestión proactiva y documentada: tienes informes, seguimientos y evidencias para mostrar a familias, administración y seguros.
  • Ahorro a medio plazo: actuar a tiempo evita reformas urgentes, sanciones o intervenciones más costosas cuando los niveles ya son muy altos.

Como ves, si gestionas un colegio, una red de centros o una empresa de servicios educativos y quieres poner en marcha un plan de control de radón a medida, en XpertRadón te ayudamos desde la medición inicial hasta el diseño de soluciones de mitigación y el seguimiento periódico.

Consulta nuestros servicios para radón en colegios y centros educativos en xpertradon.es y hablemos de cómo garantizar un entorno seguro para alumnos y personal docente.

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